Trastorno del Espectro del Autismo


El autismo es un trastorno del neurodesarrollo, de origen neurobiológico, que se suele identificar durante los dos primeros años de vida de la persona que lo presenta.

Forma parte de los Trastornos del Espectro del Autismo (TEA), un conjunto de trastornos complejos, que afectan al desarrollo del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral, especialmente en los aspectos relacionados con el procesamiento de la información que proviene de los estímulos sociales.

En los últimos años, y gracias a los avances en el conocimiento disponible en relación al Autismo, se han producido modificaciones conceptuales que progresivamente han incorporado el término “Trastornos del Espectro del Autismo” (TEA) para referirse de manera más amplia a este tipo de trastornos. Con esta concepción se enfatiza la específica alteración en el desarrollo social que implican, así como la gran heterogeneidad en la presentación clínica de los síntomas y en las necesidades de las personas que los presentan.

En la actualidad no es posible determinar una causa única que provoque la aparición de los TEA. La gran variabilidad presente en este tipo de trastornos apunta a la relevancia que puede tener la interacción entre cierta predisposición genética y diferentes factores ambientales en el desarrollo de los TEA, pero por el momento, estos elementos no están claramente identificados, y aún es necesaria mucha investigación al respecto.

En los últimos años se ha constatado también un aumento considerable de los casos detectados y diagnosticados dentro de los TEA. Es posible que este incremento se deba a una mayor precisión de los procedimientos e instrumentos de diagnóstico, a la mejora en el conocimiento y formación de los profesionales, o incluso, a un aumento real de la incidencia de este tipo de trastornos.

Estudios epidemiológicos recientes realizados en Europa y Estados Unidos apuntan a una prevalencia de 1 caso de TEA por cada 150 niños en edad escolar.

En ellos se confirma también que se presentan de manera más frecuente en los hombres que en las mujeres, (en una proporción de 4:1), y que no existen diferencias en cuanto a su aparición en las distintas culturas o clases sociales.

Actualmente no existe ningún marcador biológico reconocido que permita el diagnóstico de los TEA. Éste se realiza en base a diferentes indicadores en el desarrollo de la persona que apuntan a una alteración en el mismo, así como a una evaluación específica de su conducta.

Las manifestaciones clínicas de los TEA pueden variar enormemente entre las personas que los presentan, así como sus habilidades intelectuales, desde la discapacidad intelectual a capacidades intelectuales situadas en el rango medio, o superiores al mismo.

Sin embargo, todas las personas con TEA comparten diferentes características que definen este tipo de trastornos.

En general, sus habilidades de interacción con los demás son muy distintas de las habituales. En algunos casos pueden presentar un aislamiento social importante, o no manifestar mucho interés por relacionarse con los demás. Sin embargo, en otras ocasiones pueden intentarlo de una forma extraña, sin saber muy bien cómo hacerlo, y sin tener en cuenta las reacciones de la otra persona. Por otro lado, suelen presentar alteraciones de las habilidades de comunicación verbal y no verbal, que pueden variar desde las personas que no emplean ningún lenguaje hasta las que tienen habilidades lingüísticas fluidas, pero no saben utilizarlas para mantener una comunicación recíproca.

Además, las personas con TEA tienen un repertorio limitado de intereses y de conductas. Pueden presentar los mismos comportamientos de forma repetitiva, y tener problemas para afrontar cambios en sus actividades y en su entorno, aunque sean mínimos. Finalmente, sus capacidades para imaginar y entender las emociones y las intenciones de los demás son muy limitadas, lo que hace que sea muy difícil para ellos desenvolverse adecuadamente en el entorno social.

Por el momento, no existe ninguna cura para los TEA. Sin embargo, existen factores que van a influir de manera importante en el desarrollo de la persona que los presenta y en su calidad de vida. Es fundamental que el diagnóstico se realice de manera precoz y que el niño o la niña reciban una apropiada intervención temprana. También, es fundamental que los recursos educativos y comunitarios sean los adecuados a sus necesidades individuales, y que disponga de una red de apoyo que facilite su participación social.

Además, es imprescindible señalar que la persona con TEA sigue desarrollándose y aprendiendo a lo largo de toda su vida. Las características que definen los TEA no desaparecen al llegar a la vida adulta, aunque las necesidades si van cambiando con el tiempo.

Así, la calidad de vida de la persona y la de su familia van a estar influidas por las posibilidades de acceder a las intervenciones y apoyos adecuados, que se adapten a sus necesidades individuales, y que maximicen sus oportunidades de aprendizaje, de inclusión social y de desarrollo personal, manteniendo todos estos elementos a lo largo de la vida.

La Variabilidad en los Trastornos del Espectro del Autismo es muy grande grande. Sin embargo, pueden encontrarse algunos indicadores tempranos en el desarrollo del niño o la niña, que harían recomendable un estudio diagnóstico exhaustivo que confirmase o descartase las posibles sospechas. Según el tramo de edad, algunas de estos indicadores serían los siguientes:

Hacia los 12 meses
  • No balbucea.
  • No hace gestos como señalar, mostrar objetos o saludar.
  • No reconoce su nombre.
Hacia los 18 meses
  • No dice palabras sencillas.
  • No mira hacia donde otros señalan.
  • Muestra falta de interés en juegos interactivos.
  • No señala para pedir algo.
Hacia los 24 meses
  • No dice frases espontáneas de dos palabras con significado (sin imitar o repetir lo que le han dicho otros).
  • No mantiene un contacto ocular adecuado y presenta dificultades para seguir estímulos con la mirada.
  • No comparte intereses ni expresa placer compartido en las relaciones con otros.
  • A cualquier edad se presentan pérdidas del habla, del balbuceo o de las habilidades sociales.

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